
Galería · Exposición
BOCADO
Danielle Jon · 07/02/2026 – 03/04/2026 · Comisariado por Blanca Leon y María Heredia
Texto curatorial
«Sé paciente con todo lo que está sin resolver en tu corazón y trade amar las preguntas mismas, como si fueran habitaciones cerradas y libros escritos en lengua extranjera. No busques ahora las respuestas —que no pueden darte porque no serías capaz de vivirla—; y lo importante es vivir todo. Vive ahora las preguntas. Quizás entonces, poco a poco, sin darte cuenta, llegues algún día a vivir tu camino hasta la respuesta.»
Rainer Maria Rilke
La obra de Danielle Jon se mueve en un espacio donde la luz no lo aclara todo. En lugar de explicar, la luz marca un límite. El grafito, un material que solemos asociar al aprendizaje y a la práctica, se utiliza aquí de forma ligera, casi frágil: las figuras parecen aparecer y desaparecer al mismo tiempo, como si no terminaran de fijarse en el papel.
En estos dibujos, lo oscuro no está en el fondo, sino en lo que queda indefinido. Cuerpos femeninos y caballos se muestran sobre fondos muy claros, una blancura que no tranquiliza, que deja al descubierto más preguntas que respuestas. La luz no protege: expone. Y en esa exposición aparece la vulnerabilidad de quien aún está buscando su lugar.
El título de la exposición, Bocado, habla de esa tensión. Por un lado, el bocado del caballo: una pieza que sirve para frenar, guiar y enseñar a través del control. Por otro, el bocado como gesto físico contrario: morder, probar, llevarse algo a la boca. Uno impone un límite desde fuera; el otro nace del deseo y la necesidad del cuerpo. Entre ambos sentidos se mueve la obra, entre lo que nos detiene y lo que nos impulsa a avanzar.
El dibujo se convierte aquí en un gesto íntimo. Cada trazo parece una pregunta más que una afirmación. Los cuerpos, los movimientos y la relación entre la figura y el fondo muestran una identidad que se está formando, una voz que todavía no es firme, pero que insiste en aparecer.
Esta exposición no propone un relato cerrado, sino un estado. Un espacio donde la artista ensaya su presencia, consciente de que el camino no se ilumina de golpe, sino que se atraviesa aceptando la oscuridad como parte del aprendizaje. En ese equilibrio frágil entre disciplina y deseo, entre luz y sombra, la obra de Danielle Jon encuentra su verdad provisional.
La práctica artística de Danielle Jon nace de la necesidad de quedarse en la pregunta. El trabajo no parte de la búsqueda de respuestas claras, sino de un lugar de exploración constante. El dibujo aparece como una forma de pensar, de estar en aquello que no está resuelto. La obra se construye desde la duda, desde lo que todavía no ha encontrado una forma fija y que, precisamente por eso, vuelve una y otra vez.
El grafito acompaña esta manera de trabajar casi de forma natural. Es un material frágil, corregible, vulnerable. El error, la rectificación y la repetición no se esconden, forman parte del proceso. Cada trazo es más un intento que una afirmación. Las imágenes aparecen, se deshacen, se corrigen, sin llegar a fijarse del todo.
Los cuerpos que aparecen en la obra, sobre todo femeninos y animales, no buscan ser imágenes cerradas. Funcionan más como estados. Están en movimiento, en una relación inestable con el fondo y con la luz. Aquí la luz no actúa como una revelación completa, sino como un límite. No aclara del todo, expone. Lo oscuro no está solo en el fondo, sino en aquello que permanece indefinido, en lo que todavía se está formando.
En “Bocado” el trabajo se mueve desde una dualidad constante: control y deseo. El dibujo se convierte en un espacio íntimo donde estas fuerzas conviven sin resolverse. Hay un interés especial por ese punto en el que el cuerpo aprende a obedecer y, al mismo tiempo, siente la necesidad de morder, de probar, de avanzar por sí mismo. La obra se sitúa ahí, entre la contención y el impulso, en un lugar de tensión.
El proceso artístico se entiende como un aprendizaje continuo, no como una afirmación de verdades cerradas. En este sentido, el trabajo conecta con el pensamiento de Rainer Maria Rilke cuando habla de “vivir las preguntas”. Dibujar implica aceptar esa incomodidad, esa falta de claridad, y permanecer en ella el tiempo necesario.
Como escribe Rilke, “quizá, viviendo ahora las preguntas, se llegue algún día, sin darse cuenta, a vivir el camino hacia la respuesta”. La obra asume esa temporalidad lenta, donde el sentido no se impone ni se explica, sino que se va construyendo desde la atención, la repetición y la experiencia.
Obras
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LUX ET UMBRA II

AURORA

“DONDE ALGO SE VUELVE VERDADERAMENTE DIFÍCIL E INSOPORTABLE, YA ESTAMOS CERCA DE SU TRANSFORMACIÓN.”

VITA

MORS

“TEN PACIENCIA CON TODO LO QUE PERMANECE SIN RESOLVER EN TU CORAZÓN.”

LUCTUS I

LUCTUS II

NOX II

NOX II

ATRA II

EGARTE